Anuncios Blogs

Publicidad

Intro

Tu opinión

'Créame despacio, que tengo prisa'. Un artículo de Jose G. Pertierra

Dice un refrán apolillado que La prisa se tropieza con sus propios pies, aunque curiosamente parece el titular perfecto de la crónica de un blog de publicidad escrito solo hace unos pocos días para describir las últimas locuras acaecidas en la publicidad patria. Primero nos enteramos del chasco de Johnson & Johnson con el spot de Frenadol en el que el prota, después de ingerir el producto viajaba en su vehículo acompañado de sus hijos mientras en el mismo plano en pantalla podía leerse el texto legal obligatorio de “Este medicamento puede producir somnolencia, se recomienda no conducir” y que obligó a su retirada y posterior final cut ya sin imágenes del viaje en coche. Después nos llegó el último contratiempo de Carrefour que lanzó otro spot fallido sin quererlo, el de “la mujer más inteligente de España” contando con la, en principio, verdadera mujer con el coeficiente intelectual más elevado de nuestro país, para descubrir posteriormente que era posible que no ostentase dicho título, pues no contaba con ningún certificado oficial que así lo acreditase. Y finalmente hace muy pocos días, las redes sociales eran un hervidero al comprobar que Scottex retiraba en España una campaña en la que cambiaba su famoso cachorro por perros abandonados. La campaña había obtenido tanto éxito que llegó a oídos de la central y aún conscientes de la repercusión de la acción local, se decidió por dar marcha atrás.

No puede ser casualidad, ¿verdad? Son solo tres ejemplos en menos de un par de meses que demuestran que algo serio está pasando en nuestro sector y que nuestra publicidad comienza a tener problemas reales en sus timings de creación y ejecución de campañas. Lo realmente curioso es que prestando atención a las reacciones de los profesionales de este sector en diferentes redes sociales y foros de opinión, el estado de ánimo era absolutamente generalizado y compartido: las respectivas agencias habían maltratado a las marcas y en todos los casos se pedían responsabilidades a sus creadores por negligentes al haber obligado a los anunciantes a comerse un marrón de cuidado. ¿Pero realmente nos creemos las agencias que somos las únicos culpables de estas trastadas? Porque estas contrariedades tienen toda la pinta de que no van a ser las últimas y no todas se deben a nuestros desaciertos. Todos los profesionales que nos movemos en esta profesión sabemos que ahora mismo vivimos más que nunca en la inmediatez y lo instantáneo, así es el mundo de la publicidad y así hay que asumirlo. Nos acostumbramos a pensar campañas rápido, a rodar el spot en un solo día, a darnos el atracón de artes finales en una sola noche, a parir la campaña digital en otra y a lanzarla a los medios deshaciéndonos de ella casi literalmente. Luego, si hay un error, en unos minutos alguien hace un video para mofarse de él y lo sube a YouTube o un foro de trolls crea un ejército de memes burlándose de tu campaña y en minutos ya eres trending topic de la chufla publicitaria nacional. Ole, ole y ole.

Sin embargo, se pone muy poco el acento en la cada vez mayor necesidad de las marcas de saltarse los márgenes de seguridad de las campañas y en ponerlas en marcha en condiciones como mínimo, comprometedoras: Falta de acierto en el briefing ( en caso de que tengas la suerte de que te lo den), fases de concepto y producción con apenas tiempo entre ellas, planes de medios alterados horas antes de su emisión… Triple salto mortal con doble tirabuzón que hace que cada vez que concluye una campaña y nadie sale herido, brindes con champán como si hubieras ganado varios leones de Cannes. Y considerar un triunfo a sacar adelante el trabajo sin ninguna incidencia es como para echarse a llorar, ¿no?

Es obvio que cada vez más marcas se obsesionan por buscar la cantidad en lugar de la calidad. Las decisiones de los departamentos de marketing son casi siempre en su mayoría a corto plazo y aquellos objetivos que se extienden en el tiempo se esperan ansiosamente que ocurran lo antes posible, intentando comerse fases si es necesario. En medio de esa desesperación, de esa sensación de que siempre andamos cortos de tiempo, acabamos perdiendo más tiempo que nunca y el resultado es una publicidad simple y gris, aburrida y poco creativa. ¿Y que podemos hacer? Nadie lo sabe a ciencia cierta, quizás lo único que haya que hacer con urgencia es reformular nuestro modelo, generando un debate constructivo que haga volver a edificar el sector de la publicidad desde criterios de calidad, donde sea necesario y casi obligatorio aportar ideas nuevas y revolucionarias desde la agencia pero también la comprensión y la búsqueda de objetivos razonables y menos disparatados por parte de las marcas. Si lo conseguiremos, podemos pensarlo tranquilamente… :-)

Jose G. Pertierra es director general de Clicknaranja (Grupo Brandits)

Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.