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‘La misterwonderfulización de las marcas’. Un artículo de Antonio Pacheco

¡Hola, guapis! ¡¡¡Hoy será un día genial!!! Nunca pensé que llegaría a escribir esto, pero en esta columna hoy voy a echar muchísimo de menos la posibilidad de utilizar tipografías hipsterísticas superpuestas para componer esas frases motivadoras de garrafón que asolan nuestros perfiles sociales. Porque la potencia comunicacional de Cada sueño grande empieza por una idea pequeña aumenta exponencialmente con el uso de varias tipos retro con pretensiones.

Y hoy, como todos los días, la cosa va de esto. Va de que, llámenme ustedes amargo, me incomoda ligeramente el blandismo comunicativo que nos rodea. Y cuando las marcas adoptan esta postura que parece de pensamiento único, pues me molesta un poco más.

Bueno, venga, voy a tomarme un Té con superpoderes para ser feliz como una perdiz en una taza molona a ver si me pasa un poco el enfadito y comienzo a empatizar con este tipo de mensajes que hacen que mi vida sea mejor. Como decía la mítica Carmen Maura en el no menos mítico anuncio de Monky (acabo de declarar públicamente mi extremado viejunismo, lo sé), tacita a tacita. O, en este caso, tuitito a tuitito.

Nada, no hay manera. La amargura inserta en mi ADN puede con todo. Y eso que acabo de leer un mensajito que realmente resume mi momento vital de una manera absolutamente certera: Melenas al viento y a vivir el momento. Pues ni por esas, oiga. Hago scroll y ya sé que Con mi gracia y mi salero voy a comerme el mundo entero, pero lo que necesitaría sería que me contaran algo interesante. Si han acabado de llamarme amargo, llámenme raro.

Así que, queridos community managers que cada día cuando llegan a sus oficinas se travisten de Ned Flanders y lideran la misterwonderfulización de esas marcas que tanto nos ha costado construir: les conmino a que depongan su actitud y que devuelvan a las mismas esa personalidad que le han secuestrado. Y si un día hay que mostrar malestar por algo, se muestra. Y si un día toca ser superfelices, pues también.

PIQUÉ Y DULCEIDA

No creo que se trate de que las marcas tengan que tomar partido en las situaciones sociopolíticas tan complicadas que nos están tocando vivir. Como bien dice Piqué: “Los jugadores somos figuras globales.

Entonces, no puedo decantarme por un lado o por el otro. A partir de ahí, la mitad de todos mis seguidores, sea en España o sean los catalanes, los perdería”. Y de eso se trata, como todos bien sabemos. De tener más seguidores que la otra marca de linimento que nos sobrepasa en sentiment positivo. No es necesario vender más linimento, no hace falta, la publicidad ya no está para conseguir eso. Está para generar engagement, cumplir los KPIs y que Dulceida te retuitee algo por una modiquísima cifra. Asi que, p’alante con el misterwonderfulismo, que es lo que se lleva ahora. Al final de este arco iris Hay un millón de razones para ser feliz, ¡sonríe!.

Pero, claro, una cosa es una cosa y seis, media docena. Si hoy mi timeline está compuesto en un 90% por tuits combinando las amenazas del presidente americano de peinado absurdo contra el presidente norcoreano de peinado realmente absurdo (y viceversa), y que igual nuestro país deja de ser nuestro país para convertirse en dos países más pequeños, pues no sé si hoy será un día tan genial, marquis.

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