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‘I’d like to teach the world to sing’. Un artículo de Reyes Ferrer

¿To teach or not to teach?

Además de madwoman añosa, soy tan ambivalente como la sociedad líquida en la que me ha tocado madurar. Me siento tan española como catalana y europea, me llamo Reyes pero si me hubieran dado a elegir a lo mejor hubiera preferido llamarme ¿Presidentes? ... Adoro los anuncios por su honestidad amoral carente de connotaciones mesiánicas o fariseas... y por contra el único capitalismo que me gusta es el social. Sí a la economía de mercado. No a la sociedad de mercado. Soy una provocadora pero no una incendiaria. ¿Ha de ser eternamente cínica la comunión entre Publicidad o Propaganda y Felicidad (verdadera o falsa)? Comprando un sistema de gobierno, un país u otro, ¿podemos satisfacer todos nuestros deseos?

Como señala Bauman en su libro Modernidad y holocausto: “En un sistema en el que la racionalidad y la ética apuntan en direcciones opuestas, la humanidad es la principal derrotada”. Para Bauman, “no importa cuántos eligieron el deber moral por encima de la racionalidad de la propia conservación. Lo que importa es que algunos lo hicieron”.

Hablar de ética o de filosofía en una sociedad tan transparente como la actual en la que todo es un espectáculo porno, no añade luz a la oscuridad. Hemos comprobado que un aumento de información no esclarece al mundo. Los 80, los 90 y el nuevo milenio nos han enfrentado a una sociedad cansada tan global como triste.

Dicen los que piensan en esto como el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han que la sociedad de la transparencia es un infierno de lo igual porque la belleza está ligada a la imaginación más que a la evidencia… que estamos en un mundo en el que se exponen, venden y consumen intimidades sin trascendencia. Una sociedad donde escasean los poetas, la seducción y la metamorfosis. Pero lo dice en 2013 y el mundo sigue girando sin hacer paradas para que nos salgamos de Google por citar su propio ejemplo.

A mí me gusta hablar de personas, más que de hombres o mujeres. Persona proviene del latín y signifi ca máscara. Lo que irremisiblemente me lleva al nombre de esta columna y de la serie de televisión que la provocó hace ya unos años. Cuando me miro en el espejo de Mad men, me veo refl ejada parcialmente en todos los personajes. Todos ellos preñados de verdad, de humanidad y de tiempo. Porque el tiempo es otro de los protagonistas de un producto cultural en la que el ritmo es lento y aparentemente las cosas no pasan a la velocidad a la que nos tiene acostumbrada la fi cción americana. La vida requiere tiempo.

En este momento de incertidumbre que vivimos me refugio en las ideas de otros: Bauman, el pensador, que narra la realidad que observa, y Draper, el personaje, que representa la realidad que ya hemos digerido. Elijo a Bauman porque tiene metáforas del mundo contemporáneo tan elocuentes como los eslóganes de las mejores marcas o de sus agencias. ¿O no? Elijo a Draper, porque en su último minuto de televisión nos implicó en un fi nal abierto a nuestro propio criterio. Enseñarle al mundo a cantar una canción de paz “in perfect harmony” es una buena idea.

Hoy la única certeza que tengo es la de saber lo mucho que ignoro pero soy humana, o sea, tengo esperanza ¡Y fe! Aprovecho el apoteósico final de Mad men para despedirme de este espacio y agradecer a Anuncios y a todo su equipo la visibilidad que me han dado. Aquí una mariposa menos.

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