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‘Ya lo sabía yo’. Un artículo de Antonio Pacheco

Podemos ser los últimos en Eurovisión. Que en lo que vienen siendo las matemáticas estemos un pelín a la baja en el Informe Pisa. Quizá seamos el país del sur de Europa con peor salud bucodental. O el que menos está preparado para la jubilación. Y, seguramente, seamos de verdad el país más complicado de Europa para buscar un trabajo indefinido (disclaimer: todos estos datos tan relevantes para el inicio de esta columna los he conseguido de manera absolutamente científica, googleando “España fracaso” y “España peor”. Pero tienen pinta de verdaderos, ¿no?). Puede ser.

Pero hay una suerte en la que somos líderes indiscutibles worldwide: el #yalosabíayo. Esa sensacional predisposición innata a analizar cualquier cosa de forma negativa pero, siempre, siempre, a toro pasao. La pertinaz sequía que nos asola #yalosabíayo. El Madrid las pasa canutas para ganarle al Málaga en el Bernabéu #yalosabíayo. El Black Friday nos ha invadido, igualito que halloween #yalosabíayo. Las tiendas Vips cierran y se convertirán en restaurantes #yalosabíayo (aquí permítanme guardar un respetuosísimo minuto de silencio. Tarjeta Platino, no les digo más).

Y esto, lamentablemente, se traslada a nuestra actividad profesional. Parece que somos especialistas en estar con el mazo preparado para atizar a las marcas que lo hacen bien. Nos encanta que saquen algo más flojo para poder decir ‘pues vaya una mierda que ha hecho XXXXX (pongan aquí el nombre de su agencia odiada/envidiada de confianza) #yalosabíayo’. ‘Ya no son los mismos, qué pena, con lo que han sido #yalosabíayo’. ‘Desde que se ha ido YYYYY (pongan aquí el nombre del director creativo/copy/arte/conserje que se fue/le echaron de la agencia XXXXX) no levantan cabeza #yalosabíayo’. ‘Ya te digo, se inflaban a ganar leones, pero este año… #yalosabíayo’.

Pero, claro, en el Facebook de nuestro amigo el director creativo autor de la campaña le damos un me gusta como mandan los cánones. Y si nos cruzamos con él en un festival pues le abrazamos de la manera más falsa posible mientras le decimos susurrando: “oye, me ha encantado lo vuestro para ZZZZZ (ponga aquí el nombre del cliente que la agencia XXXXX está arrastrando por el fango de la no creatividad”’. Esperando, eso sí, que no le zumbaran los oídos de todo lo que hemos criticado su última obra.

Antisistema

¿De dónde proviene este sentimiento #yalosabíayo? ¿Es una actitud snobista antimainstream? ’¿Ha sido trending topic tres días y no se habla de otra cosa en los bares? ¿Y qué? A mí no me gusta. Es como viejuno. O quizás se trate de una rebeldía antisistema premioscéntrica: ‘No me lo creo, se ha llevado 28 leones. Y solo es una ejecución. ¿Dónde está la idea, que yo la vea?’. Tal vez, sea solo cuestión de velocidad: ‘Es alucinante, esa idea la tuve yo el año pasao.’. O de conocimiento enciclopédico absurdo: ‘Hay una peli exac-tamen- te igual que se llevó un bronce en los Clio en 1986’.

No sé, igual me invade un sentimiento navideño prematuro y totalmente fuera de carácter, pero a lo mejor estaría bien intentar con todas nuestras fuerzas que nos gustaran las ideas de los demás. Y si no, pues nada. Pero que no sea el #yalosabíayo nuestra posición por defecto. Mientras tanto, hasta que se acabe esta terrible lacra, propongo que en los próximos festivales chequeemos cada abrazo interpublicitario con La Máquina de la Verdad.

Tristemente no podrá acompañarnos Julián Lago (“¿se estaba usted acostando con el Padre Apeles? No me conteste ahora… hágalo después de la publicidad”.) pero igual nos podríamos marcar un Paco Lobatón bastante épico y localizar al profesor Gelb. Aunque les tengo que confesar que en una primera búsqueda googlera parece que el mítico profesor era un pelín fraude. #yalosabíayo.

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