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Tu opinión

‘Oda al telemarketer’. Un artículo de Antonio Pacheco

Tú, que me llamas desde un lugar ignoto para ofrecerme una serie de ventajas impresionantes y, al mismo tiempo, ininteligibles. Tú, que crees que 800 megas son pocos megas y que tus megas son mejores megas que los que tengo contratados con mi proveedor internetístico actual.

Tú, para quien no hay sábados, ni domingos, ni fiestas de guardar. Ni nueve de la mañana, ni tres de la tarde, ni nueve de la noche. Solo un universo infinito de husos horarios al que se puede acceder indiscriminadamente.

Tú, que me contactas para ofrecerme el seguro de moto que necesito, ese que me cubre en caso de que, porque uno nunca sabe, sea el primer hombre en visitar la Antártida con un triciclo Piaggio MP3 Yourban.

Tú, que decides hacer esa trascendental llamada justo cuando un bebé, en un hogar cualquiera, está a puntito de coger el sueño. Tú, la persona a la que los Dioses dotaron con el don de la elocuencia y que, pudiendo, qué sé yo, ser parlamentario autónomo o tertuliano jorgejavierístico, dirigiste tus pasos hacia la persuasión telefónica. Tú, que no aceptas un no por respuesta. Y que cuando te contestan ‘no quiero que me volváis a llamar’, anotas en tu agenda secreta ‘éste se va a cagar’ mientras contestas ‘por supuesto que no, caballero’ y una sonrisa maquiavélica se dibuja en tu rostro.

Tú que, inasequible al desaliento, no das crédito cuando te digo que soy perfectamente feliz con mi proveedor de luz y gas y que tu revolucionaria oferta que incluye luz, gas y el suministro mensual de palomitas de maíz (con/sin mantequilla) me da un poco igual. Tú, que cuando te cuelgo, vuelves a llamar y dices ‘se ha debido cortar’. Tú, que te me pones farruco cuando te indico que estoy hasta las narices de que me llamen a mi casa para venderme cosas que no me interesan porque, si me interesaran, ya me hubiera buscado yo la vida. Pero, tú, claro, no lo entiendes. Porque tú eres el elegido que ha venido al mundo a colocarme una nuevo plan de pensiones al 87% TAE durante los próximos dos minutos. Luego, 0,01%.

Tú, mereces un monumento. Porque tú tienes la capacidad de ejercer una fuerza extraordinaria capaz de arrasar cualquier esfuerzo de construcción de marca que se haga desde las sufridas agencias. En un mundo en el que nos volvemos locos, ya ni siquiera por vender, sino por gustar un poquito, tú tienes el poder omnímodo de conseguir, con una sola llamada, que un consumidor odie a una marca. Si eso no merece un reconocimiento público, es que ya no comprendo nada a esta sociedad antimercantilista (o antimercantilisto, depende). Es imperiosa la necesidad de un change.org que nos recuerde exigir a nuestros representantes públicos erigir una estatua ecuestre con un caballero o una señorita blandiendo un auricular en una mano y una pantalla de computador Amstrad en la otra, en el centro de nuestras ciudades.

ASSANGE

Tú, al que le da exactamente igual el permission marketing porque sabes perfectamente que lo que en realidad funciona es el todoelmonteesorégano marketing. Tú, que debes haber conseguido mi número de teléfono en un excel que te pasó Julian Assange. Tú, eres el futuro. Pues claro que sí. Porque me llamas cuando ya he solicitado la portabilidad para intentar detenerme y, en un 87,8% de los casos, consigues reafirmar mi decisión.

Porque tienes un radar interno que te avisa en los momentos en los que más me puede molestar tu llamada.

Y ahí vas. Y no hay quién te pare. Tú: Gladys, Pedro, María José, Yerry… gracias, gracias y gracias por tanto. Sois lo más.

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