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Tu opinión

‘¡Pero si ya me lo he comprado!’. Un artículo de Antonio Pacheco

Amigos técnicos del Internet: arreglen esto.

Creo que ya les he escrito alguna vez sobre la opinión que me merece la publicidad display en Internet. Está a niveles comentarista de la Champions en Antena 3, no les digo más.

O cerca de la valoración que obtiene M. Rajoy entre los votantes de Podemos, por poner un ejemplo más urbi et orbe.

A ustedes les puede parecer otra cosa pero, para mí, el banner es la herramienta publicitaria más loser posible. Fea, pequeña y molesta. E inútil. El peor lienzo posible para un creativo.

Digo esto con la confianza que me da el haber escrito banners desde los tiempos en que los presentábamos impresos y montados en cartón pluma como si fueran viñetas de un story realmente absurdo. Tropecientos años pensando piezas que aborrezco. Me tendría que haber hecho

Objetor de Conciencia Bannerístico pero, ya saben, soy un mercenario que se vende por un tarro de Salted Caramel de

Häagen-Dasz. Y no me voy a andar con remilgos ahora que soy empresario publicitario unipersonal.

SUS BANNERS DE CONFIANZA,

SIEMPRE CON TUNEGRO.COM.

Quizá esta autopromo columnística (ojo, que quizás estoy inventando un new media. Querido director: ésta no me la cobre que se va a hacer usted de oro) sea ligeramente (ya lo creo que lo es) contradictoria, pero si los anunciantes insisten, insisten e insisten en inundar nuestros paseos por el éter digital de banners a los que no miramos y en los que no nos detenemos, ¿quién soy yo para impedirles que disfruten con esa forma tan espléndida de tirar el dinero?

Porque, ¿cuánto hace que no hacen ustedes click en un banner? ¿Aposta? Y, sin embargo, hala, ahí, bien de brand days, de sliders y de robapáginas a tutiplén.

Evidentemente, todo es susceptible de empeorar. El otro día estaba comiendo y arreglando el mundo publicitario worldwide de una vez y para siempre con los sres. Prieto (D. Ibay) y Úrbez (D. Gonzalo), cuando surgió el tema del retargeting, esos banners que te persiguen para que compres algo que has estado mirando (qué se yo, estas cosas en las que caes sin querer: un trasplante capilar en Turquía, una liposucción en la Clínica Menorca…) y que no te has decidido a adquirir. Hasta aquí, todo relativamente bien. El problema es que el tema no está muy ajustado y también te ametrallan con artículos que sí que has comprado. Como dijo Gonzalo:

“¡Pero si ya me lo he comprado! ¡Dejadme en paz!”.

AMIGO PESADO

El retargeting es ese amigo pesado que te persigue a todas partes y siempre te cuenta la misma historia. Esa que no te hizo gracia la primera vez. Y muchísimo menos, la vigesimoquinta. Porque, estimados genios del retargueteo, si ya me he comprado unos guantes de invierno para la moto en una web del ramo, ¿cuántos guantes de invierno para la moto es capaz de comprarse una persona humana durante esa estación por más crudo e inclemente que haya sido el clima? Según sus cálculos, unos dos o tres pares por día. Y quien dice guantes para la moto, dice bombillas led, auriculares inalámbricos, sirope Monin de menta o champú, cuando servidor de ustedes, la última vez que adquirió este producto estaba de moda el Abrótano Macho. Yo, de verdad, estoy dispuesto a comprarme otros guantes de moto de invierno de repuesto si me dejan de dar la brasa. Díganme con quién tengo que hablar para que le inunde de spam en justa correspondencia.

Una cosa es retargeting y otra darlabrasing. Repito: arréglenlo. Por favor.

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