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'No puedo menos'. Un artículo de Alejandro Rojas

No puedo menos que reconocer que el mundo digital me apasiona por sus posibilidades. Lo conozco desde su nacimiento y he tenido, dentro de Remo, empresas punteras como Bety Byte con su 'Movimiento Coca-Cola' o he sido socio en otras pioneras como DoubleYou. Es el consumidor cazado, la eficiencia del mensaje, la persuasión a medida, el seguimiento instantáneo de sus reacciones, la predicción matemática de sus siguientes pasos, su 'feedback' a los mensajes...

Han sido más de veinte años aprendiendo sobre sus posibilidades y tengo que reconocer, ahora, que no me interesa seguir invirtiendo ni ofrecérselo a mis clientes.

Es un mundo de infinitas posibilidades técnicas pero de muy bajo perfil creativo y como consumidor me aburre la persecución a la que soy sometido, el bombardeo de mensajes malos, previsibles, muy vistos y con una capacidad muy pobre de convencerme de nada.

Lo creativo son sus posibilidades, lo aburrido es su cruda realidad.

Y esa es, ni más ni menos, que gente sin experiencia, revuelta y sin control, copies junior, aspirantes a directores de arte y planners sin estrategias anteriores contrastadas con ayudantes tiernos de clientes muy enganchados a la última tecnología y todos pilotan la descomunicación de la marca.

Y al final su resultado revolucionario es :

¡La foto del producto en grande y precio, ah, y llamada a la acción!

Vamos, lo que eran los antiguos anuncios de foto fija y texto en los cines prometiendo suculentos manjares en el restaurante de la esquina o los faldones en prensa ofreciendo chalets adosados espaciosos a pocos kilómetros y bien comunicados.

Ah, y las menciones de la locutora famosa en radio entre gol y gol.

A todos estos mensajes los denomino pequeña publicidad de mierda o PPM y no funciona.

No crea marca, no se distingue de su competencia, no seduce, no se recuerda y solo vende, y poco, por reiteración abusiva.

¿Que se pueden hacer grandes anuncios en este mundo ?

Sí, claro, pero con creativos y estrategas de primer nivel, con los mismos que puedes hacer un lanzamiento de un coche o arrancar una participación a la competencia en un trimestre. Con los que cobran mucho por su experiencia y resultados con muchas marcas y en distintos sectores. Con esos que suponen una remuneración mayor para la agencia.

Y no es así cómo funciona esto, se deja ese trabajo en manos inexpertas y se invierte una barbaridad de presupuesto detrás.

Post, meme, activación, una promo , influencers, telegramas y todo para ya.

Se quema en días y vuelta a empezar, más PPM a la caldera que la tele ya no se ve y la prensa no se compra. No importa que se vean series en Netflix como nunca o se lean varios periódicos en la red al día. No importa que se escuche Spotify, donde por cierto todavía no he escuchado una buena cuña, ni siquiera de ellos mismos.

Sólo importa estar ahí y esparcir PPM.

Luego se justifican matemáticamente los impactos sobre nuestro público objetivo y el jefe ni se mete por miedo a decir alguna tontería.

Y todo eso las agencias lo hacen por poquito dinero. Las agencias o los ovnis de la comunicación, ”esos chicos jóvenes muy emprendedores que han montado un satélite interactivo. Trabajan en unos metros cuadrados junto con otros ovnis de distintos sectores y así ahorran y me lo trasladan a mí”. Y mientras, los jóvenes del cliente y la agencia se escriben deberes y se aprueban instantáneamente campañas, publicándolas y retirándolas en días...

Y qué hacen los creativos y estrategas buenos de las agencias... pues son cada día más escasos porque nadie quiere asumir su coste y se dedican a nuevo negocio, que se necesitan más clientes que hagan más PPM para fichar a más jóvenes castores que lo produzcan “por poco money” para ganar algo y también ocupan su tiempo en alguna pieza de festival no muy caro para matar el gusanillo.

Lo barato puede ser pintón pero dura poco y no distingue, no sabe, no llena ni crea fidelidad.

Yo prefiero quedarme haciendo marcas, con mensajes buenos y creativos en cualquier medio o formato y cobrando bien por ello. Con relaciones a largo plazo para aprender de la marca y sus productos y con una interlocución adecuada.

Los clientes siempre pueden tener además ovnis diversos para el día a día, no tengo celos ni ganas de luchar por los PPMs nuestros de cada día.

Alejandro Rojas

Remo

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