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‘Pangea’. Un artículo de Carlos Holemans

Fue hace tantos años que no es posible contarlos, pero hubo un tiempo en que todos los continentes eran uno. Pangea era una masa compacta rodeada de agua, una isla que se antojaba infinita y eterna.

En ese continente primigenio algunos dinosaurios pacían y otros se devoraban. Más allá de encontrar forraje y evitar colmillos ajenos, no tenían demasiadas preocupaciones.

Los dinosaurios eran incapaces de imaginar que el mundo podía ser de otra manera.

Sin embargo, en un milenio dado, comenzaron los temblores. Los volcanes abrieron sus bocas y revelaron el brillo letal del magma. La lava abrasó todo que lo había sido comestible, inmensos pedazos de tierra se quebraron, el mar exterior vomitó sus aguas entre las placas tectónicas y la deriva de los continentes comenzó.

En el centro quedó el mayor de todos, Businesia, que con su inmensidad regulaba el clima de todo el planeta. Al norte quedó aislada Brandia, una masa más pequeña, cubierta de selvas fragantes y habitada por criaturas de formas exquisitas.

Al sur, otro subcontinente mantuvo la agitación. Era Adlantia. A medida que Pangea se dividía, Adlantia se fragmentaba en cientos de pedazos. Los dinosaurios, grandes y pequeños, corrían de un lado a otro presos del pánico. Sentían el suelo abrirse bajo sus garras y llovían meteoritos sobre sus cabezas escamadas. No había que ser un saurio muy inteligente para darse cuenta del riesgo de acabar fosilizado y exhibido, en una agónica contorsión, en la vitrina de algún museo.

Pangea se abría, los continentes se separaban y en el centro se formó una laguna del tamaño de varios océanos: Abisma Pánica. Era un mar desconocido y profundo, habitado por quién sabía qué tipo de criaturas monstruosas.

Y entonces, cuando parecía que nada podía ir a peor, emergió. El cielo se oscureció, llovió ceniza y fuego y el cataclismo fue tal que modificó el eje de rotación de la Tierra. Un nuevo continente surgió de las profundidades abisales. Esa tierra nueva era Digitandia. Ocupó todo el espacio de Abisma Pánica y empujó a todas las placas tectónicas a separarse aún más. Digitandia y Businesia se fusionaron en una sola tierra, no sin un Armagedón que causó varias extinciones. Sin embargo, en pocos milenios la vida volvió a florecer y ese súper continente ocuparía la mayor parte de la tierra.

Las colosales fuerzas desencadenadas tras el apocalipsis empujaron a Brandia, Adlantia, Terramedia y otras islas menores a seguir su travesía centrífuga con lentitud mineral. Pero el tiempo todo lo puede y, dado que el planeta es redondo, la deriva de los continentes les llevará a rodear su circunferencia y reunirse en la cara opuesta del globo. Un nuevo supercontinente acabará formándose, dicen los geólogos. Todos los estudiosos están de acuerdo.

Hay, sin embargo, grandes discrepancias en torno a qué nombre recibirá esta Pangea refundada.

¿Cómo llamaremos a ese lugar donde Businesia, Marquetia, Brandia, Adlantia, Digitandia y Terramedia sean una única realidad, el megacontinente que todo lo contiene?

¿Le llamaremos, sin demasiada originalidad, Novapangea? ¿O quizás optaremos por un neologismo, como Consultasia?

Quién sabe. Quedan muchos millones de años para que un escenario tan dantesco como éste pueda concebirse.

Al fin y al cabo, cuando desperté el dinosaurio todavía estaba allí.

HOLEMANS

Ilustración: Jordi Carreras

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