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‘Las mujeres de mi vida (3):‘Demelza Rafferty’. Un artículo de Edu Pou

A los 9 años, Demelza ya tenía muy claras dos cosas: que no creía en Dios, y así se lo dijo a su profesora de religión, y que se iba a ganar la vida como diseñadora gráfica, y así se lo dijo a sus padres. Seguramente lo dijera con la tímida confianza con la que lo dice todo, sin pisar a fondo ni—todavía menos—tocar el freno. Su historia es una historia de determinación, de trazar el camino propio para recorrerlo con paso constante y firme, especialmente ante la adversidad. Una historia que podría contarse como una fábula, pero yo no soy Esopo, por lo que me limitaré a los hechos y dejaré al lector la tarea de asignar a cada uno de los personajes el animal parlante que le parezca oportuno. La moraleja se escribirá sola.

Una Demelza recién licenciada se decide a hacer las Américas. Antes de salir de Australia, contacta con unos cuantos estudios. Exactamente, 400 —tantos como los golpes de Truffaut, para quienes crean en los presagios­—. De las tres ofertas de trabajo que recibe, se decide por una agencia digital de Massachusetts. Su principal cliente es Arnold y para ellos trabaja en proyectos tan estimulantes como Truth. Por desgracia, el estallido de la burbuja de internet no tiene piedad y un jueves de 2001 el estudio quiebra. Si no encuentra trabajo antes de un mes tendrá que abandonar los Estados Unidos. El martes siguiente, un segundo estallido elimina cualquier esperanza de quedarse. Es el 11 de septiembre.

En un mercado totalmente paralizado, una compatriota australiana con quien se entrevista en Pentagram no le puede ofrecer trabajo pero sí consejo y le recomienda cruzar el charco con destino Ámsterdam. La sugerencia se convierte en objetivo. Siempre se ha sentido fascinada por el diseño holandés en general y por Wim Crouwel en particular. Se saca un visado de turista con derecho a trabajo y un billete de ida. Aterriza en Nike como freelance y, poco después, compagina su trabajo de día en Strawberryfrog con el turno de noche en el estudio de Wieden+Kennedy. Tras dos años de jornadas de 16 horas, su visado está a punto de expirar y un burócrata holandés le dice que disfrute de sus últimos días como turista. Ella se limita a negar con la cabeza. Unos días antes de que su visado expire, Wieden+Kennedy la ficha a jornada completa. Ahí es donde la conozco, años más tarde. A su trabajo ya me lo habían presentado.

Empezamos a trabajar juntos para Nokia, Wyborowa y Electronic Arts. Para este último cliente—y en el que posiblemente sea mi peor proyecto en W+K—su diseño hace buena una mala sesión fotográfica con Andy Murray de mi director de arte, horas antes de entregar originales. No será el único match ball que salve en W+K. No hay mejor ejemplo que el hecho de que fuera voluntaria a ayudar a John C Jay a montar la oficina de Wieden en Shanghai. Durante cuatro meses lideró el estudio, montó su equipo, y estableció las bases para su funcionamiento. Con todo, a pesar de su entrega y de su inmaculada reputación, ve cómo se promociona a algunos de sus compañeros antes que a ella. Lo atribuye únicamente a su carácter reservado, más que a una cuestión de género. Quizá tenga razón y yo sea demasiado malpensado.

Siete años son muchos. Y en W+K más. Le apetece un nuevo reto y ficha por Sid Lee. Una agencia joven, dinámica, que además ofrece proyectos de entretenimiento y arquitectura. En esa época, tiene a su primer hijo. Durante su permiso de maternidad, Sid Lee pierde Adidas Originals y el equipo se reduce de forma dramática. Una semana antes de su reincorporación, el presidente de la agencia la cita para tomar un café. Demelza se teme lo peor. Mac Macdonald no solo no la despide, sino que le dice que le encanta su trabajo y que quiere que lidere el departamento de diseño cuando regrese. Ante su sorpresa por la promoción, Macdonald le cuenta que tiene tree hijos y otro en camino y que sabe cómo las madres “get it done. Teniendo en cuenta que, entre otras cosas, desde entonces ha escrito e ilustrado un libro dedicado a los canales de Amsterdam, ha ganado el pitch de T-Mobile con Mother Nueva York, ha tenido otro hijo, ha diseñado las botellas de gin de una destilería independiente de Alaska, ha lanzado el Samsung Galaxy S9 con R/GA, y ha creado una nueva cerveza para MONA en Tasmania, yo creo que Mac acertó de lleno en su juicio de Demelza como madre. Y nuestros dos hijos, también. ¡QD!

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