Anuncios Blogs

Publicidad

Intro

Tu opinión

‘Grandeza’. Un artículo de Edu Pou

Que hay personas de escasa estatura que son muy grandes es una verdad irrefutable. A poco que pensemos, nos vendrá a la mente un ejemplo perfecto que justifique la afirmación. No hablo sólo de publicitarios. En fútbol, por ejemplo, hay un caso que todos tenemos presente. Pero este artículo no va de fútbol. Al contrario. Va de baloncesto. El que fuera un deporte casi reservado a gigantes desde que su creador estableciera la altura de las canastas en 1891, es ahora un deporte mucho más inclusivo. Parte de la culpa la tiene la introducción en 1979 de la línea de tres puntos en la NBA —una modificación del juego cuya importancia ha crecido de forma exponencial en los últimos tiempos—. Un artículo reciente de ESPN titulado The NBA is obsessed with 3s, so let's finally fix the thing habla de la obsesión por los triples en la era de la analítica y de cómo, movidos por su valor decisivo sobre cualquier otro lance del juego, en la temporada regular 2018-2019 se han tirado más triples que en la entera década de los 80. Por poner otro ejemplo ilustrativo de esta tendencia empujada por la estadística, cuando Curry anotó 402 triples en la temporada 2015-16, nadie había llegado siquiera a los 300. Si un aficionado viajara en el tiempo desde mediados de los 60 y aterrizara hoy en el Oracle Arena durante los Play Off de la NBA—en una butaca vacía, ya puestos a imaginar—se sorprendería del peso específico del base de los Warriors.

Tampoco es que se pueda llamar bajo a un hombre de metro noventa y uno. Pero su talla empalidece en comparación a la de otro jugador que ya despuntaba en los 60 y que, todavía hoy, es el máximo anotador de la historia de la NBA: Kareem Abdul-Jabbar. Con sus 2,18 m, el joven Lew Alcindor—así se llamaba, antes de convertirse al Islam—dominaba el juego interior de la liga universitaria como nadie. Junto a otros jugadores afroamericanos, Alcindor popularizó el mate hasta que, en 1967, la National Collegiate Athletic Association lo decidió prohibir durante diez años. La NCAA lo justificó como un cambio destinado a abrir el juego, pero en esa época convulsa a nadie le pasó inadvertido el tufo racista de prohibir una acción asociada al Black Power. Fuera por la razón que fuera, con la prohibición, al futuro Abdul-Jabbar no le quedó más remedio que perfeccionar otra acción a la que quedaría inextricablemente ligado: el skyhook. Ejecutado con ambas manos y desde varias distancias, su gancho era muy difícil de bloquear incluso por colosos como Manute Bol (2,31 m.) y todavía hoy es considerado por muchos como el mejor tiro de la historia.

¿Adónde voy con tanto baloncesto? Al reciente palmarés de los Andys. Por cierto, me encanta el formato de este festival, que abre las deliberaciones al público, que premia ideas y ejecuciones en lugar de categorías, y que destaca, por encima de todo, la valentía de clientes y agencias haciendo equipo y empujando la industria juntos. Este año—para que mi debilidad por el certamen no tuviera fisura alguna— han contado con la gran Mónica Moro en su jurado y han premiado con el GRANDY a Dream Crazy de Nike, campaña en la que trabajó mi amigo Jordi Pont y de la que hablamos en nuestra reciente conferencia conjunta en el CdeC. En fin, volviendo al tema—que me pierdo—vale la pena revisar el palmarés de los Andys y ver sus ejemplos notables de publicidad Curry, como Words count para la JFK Library Foundation, y de publicidad Abdul-Jabbar, como The Maze para Westworld. Mientras la primera corriente es fruto de decisiones tomadas de forma racional en función de un análisis concienzudo de los datos extraídos del mercado, la segunda demuestra una gran flexibilidad para adaptar el mensaje y el comportamiento de la marca a una nueva realidad cuyos cambios arbitrarios no se pueden predecir. La elección entre una u otra es complicada. ¿Pero por qué tendríamos que elegir? ¡QD!

Comentarios

Publicar un comentario

If you have a TypeKey or TypePad account, please Inicia sesión