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‘Dichoso miedo’. Un artículo de Miguel Ángel Duo

Escuché el otro día a una CEO decir que gran parte de su trabajo consistía en que nadie notara lo acojonada que estaba cuando tomaba una decisión. No sé si dijo acojonada –no creo–, pero sonaba igual de sincero. Una honestidad tan brutal es de agradecer, y esa frase me dejó pensando.

Todos los días se publican titulares y entrevistas elogiando el potencial de la innovación, el pensamiento creativo en los negocios, de las ideas disruptivas, pero me da que poca gente está dispuesta a asumir las consecuencias: acojonarse.

Me lanzo a internet a buscar datos que confirmen esto. Y me encuentro un estudio de Wharton que sugiere que, aunque afirmemos que valoramos las decisiones creativas, en entornos inciertos (vamos, en la vida) tendemos a rechazar las ideas creativas en favor de conceptos que nos aseguran más certeza. Esto, aunque lo confirme Wharton, no es ninguna novedad, y los que nos dedicamos al negocio de las ideas estamos acostumbrados a esta reticencia. Por suerte, de vez en cuando nos encontramos con clientes que saben, intuitivamente o por experiencia, que un cierto miedo implica que esa idea puede convertirse en algo grande, y se atreven, miedo y todo.

Pero otras muchas nos encontramos con personas que llevan esto del miedo un poco peor, y que en vez de guardárselo, te dicen que igual es un poco pronto para una idea así, y que vuelvas con una propuesta que les haga dormir tranquilos.

Voy a otra charla y escucho que para ser relevante hoy en día hay que hacer creatividad basada en el data. Otra vez. Esta, por otras razones, me deja pensando también, y me pregunto si el data puede por fin quitarnos el dichoso miedo.

Dice Byung-Chul Han, el autor de La Sociedad del Cansancio, que los macrodatos hacen superfluo el pensamiento. Porque los datos, como supuestamente objetivos que son, nos crean la falsa ilusión de que no podemos equivocarnos, y así no tenemos que tener miedo. Pero puede ocurrir exactamente lo contrario.

Que quede claro: este no es un artículo en contra del data. Ni del big ni de ninguno. El data es una herramienta esencial en nuestro trabajo. Pero hoy en día manejamos una gran cantidad de datos que no son más que ruido, un puzle al que le sobran piezas. Como están ahí, parece que hay que usarlos para algo. Así que, si nos empeñamos en hacerlos encajar  –porque a los humanos lo que nos da gustito es que las cosas encajen–, lo normal es que acabemos bloqueados o incluso haciendo lecturas erróneas de la situación. Los datos nos ayudan a decidir, pero no pueden decidir por nosotros. Y menos mal, yo quiero seguir dedicándome a esto.

Así que este artículo no es en contra del data, pero sí que es a favor de algo muy denostado por la mayoría de los entornos empresariales: la intuición.

MIGUEL ANGEL DUO OK

La intuición no es más que un proceso de pensamiento muy muy rápido, y normalmente muy muy certero. Y sí, fiarse de la intuición da miedo (ejem), porque no sabemos muy bien cómo hemos llegado a una conclusión. Pero la realidad es que funciona. Funciona porque con los años hemos acumulado en el fondo de nuestros cerebros suficientes datos –irónico, ¿no?– como para que nuestro cerebro tome decisiones él solito sin que le pongamos delante ningún Excel. Y científicos amantes de los datos como los de la Universidad de Amsterdam han comprobado que, cuanto más compleja es la decisión a tomar, mejor funciona nuestro instinto.

Así que seguramente lo que nos pase no es que tengamos miedo a las ideas nuevas, o a la incertidumbre. Tenemos miedo a reconocer nuestro propio talento, y a fiarnos de él. A asumir que podemos tomar mejores decisiones que un modelo econométrico, porque nuestro cerebro tiene su propio big data. Y eso, claro, da miedo. Que no se nos note.

Miguel Ángel Duo es director creativo de China

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