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'Y ahora, ¿qué?'. Artículo de Mario Sánchez del Real

No sé si somos del todo conscientes, pero nunca se había vivido un periodo de tiempo tan corto, tan intenso y tan raro como este que hemos pasado recientemente. Y no hablo del verano, que también, sino del confinamiento justo antes del olvido estival en grupo.
 
Sí, ¿se acuerdan?, eso que nos pasó por encima antes de ayer. Bueno, pues ahora estamos en otro momento, el siguiente de aparente tranquilidad, pero bien raro también. No hace dos meses que nos soltaron y ya la estamos liando parda como si hace un año, qué digo un año, ¡un siglo! que hubiera pasado todo. Raro, raro...

De casi sentirnos en el pozo, hemos salido como un libre directo a los bares, terrazas y playas, porque el ser humano es de olvidar rápido, y el español, más. Sobre todo en verano. Y esto, aunque parezca contradictorio, era y es necesario, así que voy a aplaudir fervientemente las campañas de apoyo a la hostelería, que falta hace.

Ahora estamos en otra pantalla del juego, en plena crisis existencial de vuelta al cole, tras el auto ahorcamiento de El Corte Inglés, que para ser sinceros, veo mucho más clara su intención, definiendo de forma gráfica el estado de ánimo de muchos escolares, pero sobre todo de los padres; para cortarse las venas.

De la vuelta mal cole de los mayores nadie habla, así que yo tampoco lo haré, pero se vislumbran muchas sombras y pocas luces. Carne de otra columna que me reservo, porque como diría la gran Esperanza Gracia, todo esto es “algo que me inquieta, me atormenta, me perturba”.
 
PERIODO GRIS
Sobre lo sucedido en comunicación no política, que esa sí estuvo bien cargada de acontecimientos, en publicidad creo que hay mucho más que olvidar que cosas que recordar. Ha sido un periodo inquietantemente gris, triste y vacío, por mucha felicidad que intentaran fervientemente mostrarnos en los telediarios. Clientes, marcas, agencias, productoras… hemos cruzado un desierto caminando durante meses sin rumbo, esperando llegar a una orilla que solo vimos durante nuestras vacaciones. O esa es mi sensación.
 
Sanchez del real

Cuando hay serios, graves problemas es cuando han de brillar las ideas y encontrar soluciones o incluso grandes oportunidades. Creo que las agencias ni han sabido ni han podido hacer un buen trabajo, ni creativo ni estratégico. Atrancados en problemas sobrevenidos en escasas semanas, como una especie de blitzkrieg, batallando en esta guerra relámpago contra fuertes bajadas de volumen de facturación y de trabajo, ERTEs, ICOs, Zooms, Meets y teleconferencias que trataban de dar alguna sensación imposible de cierta normalidad, encontrar caminos interesantes se hizo cuesta arriba. Es lo que tiene, que cuando te pilla la ola, uno deja de lado el estilo crol para salir a perrito como puede.

Mientras yo mismo nadaba a perrito y en esa sensación de absurda tranquilidad que tiene el solo centrarte en respirar y flotar, recordaba constantemente aquella famosa frase mil veces repetida primero en la facultad y luego en cada puesto de trabajo, donde había un director sin rumbo que repetía: “Si le cambias el logo al final, podría ser de cualquiera”. Siempre me pregunté: Y ¿por qué leches alguien querría cambiarle el logo a un spot? Bueno, pues ahora lo entiendo. Solo ha hecho falta una pandemia y decenas de anuncios iguales, salvando algún aislado y honroso caso, porque haberlos, haylos.

Los medios y entre ellos las televisiones, no lo están pasado especialmente mejor que las agencias (bueno, del exterior, los eventos, etcétera, ni hablo). Pero… ¿qué coño (con perdón) les ha pasado a los que ni de broma podían soñar acceder a la tele por sus ajustados presupuestos? Para una vez que podían asomarse a las audiencias, ya no cautivas, sino prácticamente secuestradas en sus propias casas… Pues sencillamente, que no lo han hecho. No han superado el terrible mal endémico del marketing de hoy de no poder equivocarse. Ante el pánico a lo desconocido, el rechazo al factor riesgo y el profundo miedo al error, mejor no hacer nada. Un Rajoy en toda regla, vaya.

Hecho cierto es que sin riesgo, no hay demasiadas posibilidades de encontrar grandes resultados, y no hacer nada por no equivocarse no deja de ser eso, equivocarse. En política no lo tengo tan claro oigan, pero en publicidad, error de los gordos.
Creo que difícilmente algunos anunciantes van a encontrarse un panorama tan proclive a invertir a tan buen precio y con un riesgo tan contenido en el fondo. Vamos, que se repita tener a millones de personas confinadas, aburridas, frente a una tele, con los precios por pase por los suelos y con una competencia desaparecida; si vuelve a pasar (y ojalá que no), es como cuando toca el número de la lotería justo anterior al tuyo. Una putada.
 
ACORRALADOS
Por cierto, con la mitad de los seres humanos e incluso no humanos, aburridos en sus casas, tirando de tarjeta en Amazon con o sin Prime, la inversión en digital también cayó. ¿En serio? No nos han encerrado, nos han acorralado física y mentalmente y las marcas sucumbieron al miedo también. Las agencias solo hemos podido ir al rebufo de las sonadas desapariciones y del craso error comercial.
 
Mala cosa el miedo en tiempos del cólera. Y ahora, ¿qué?
Ahora que aparenta que ya estamos pasando de pantalla, como en las antiguas máquinas de Arcade, parece que solo se puede acelerar a tope para llegar a la siguiente etapa del juego, pero realmente sin echar gasolina y sin reponer neumáticos ¿conseguiremos trazar los primeros giros que nos esperan en los próximos meses de vuelta al cole? Malamente.
Esperemos haber aprendido algo de todo esto, no vaya a ser que pasar de pantalla no sea tan buena idea, en el fondo. De momento, vayan echando otra moneda, que vienen curvas seguro.
 
 
 
 

 

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