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Editorial

Editorial 1627: Celebraciones y pulso sectorial

La pandemia sigue trágicamente instalada en todos los órdenes de la vida de nuestro país: del personal, el más importante, al social pasando desde luego por el político y el económico. La lucha contra su extensión mantiene un amplio panorama de restricciones y limitaciones a determinados tipos de actividades en varias zonas de la geografía española, pero los estrechos márgenes que deja han permitido que en este mes se hayan celebrado dos significativos eventos del sector, los Días C del Club de Creativos y los Premios Inspirational de IAB, que tuvieron en septiembre un precedente en la gala de los MKT; y para el 29 de octubre está programada la celebración, que tendrá unas características u otras según las restricciones lo permitan, de la entrega de los Premios a la Eficacia.

Puede pensarse que el hecho de que los organizadores de estos eventos hayan mantenido su voluntad de llevarlos adelante y los hayan materializado no ha sido sino un empeño hasta cierto punto frívolo por celebrar algo que, como unos premios o unas jornadas profesionales, pueden considerarse actos perfectamente prescindibles.

Sin embargo, se antoja más oportuno y justo apuntar a los aspectos positivos que la realización de estos eventos tiene. En primer lugar, hay que alabar la voluntad de sus entidades organizadoras y de los equipos de las mismas por llevarlos adelante, cuando dadas las circunstancias hubiera sido más sencillo, y desde luego no criticable, el que hubieran decidido que sus premios y jornadas no tuvieran lugar este año. Ello habla bien de la capacidad de las entidades del sector para sacar adelante proyectos con esfuerzo e imaginación —y, en estos tiempos, con las precauciones necesarias—.

Por otro lado, el hecho de que estos acontecimientos hayan tenido lugar aporta unas dosis de normalidad, valga la expresión, que resultan estimulantes en tiempos tan inciertos. Nadie puede llamarse a engaño y las limitaciones y diferencias con ediciones normales de los mismos actos se hacen, y se harán mientras dure la pandemia, demasiado evidentes en todo momento pero, aun así, la sensación es positiva.

Por último, la celebración de estos eventos contribuye a mantener lo que podría denominarse como espíritu colectivo o conciencia de sector. En momentos en que gran parte de los profesionales siguen trabajando desde sus casas y los contactos personales son muy escasos, cualquier factor que ayude a crear lazos y a concitar el interés común, sea de manera presencial o virtual, puede ejercer una influencia positiva. Y más aún en el caso de los premios, por lo que tienen, por un lado, de constatación de que el sector mantiene su capacidad estratégica y creativa y, por otro, de reconocimiento público de la excelencia. Si esta siempre debe celebrarse, en los difíciles tiempos actuales parece aún más oportuno, más allá de la cuestión del nivel de unos metales y de quién los gana en mayor o menor cantidad.

Lo más deseable es obviamente que la pandemia remita y el ritmo y la pauta sectoriales y generales se recuperen cuanto antes, pero entretanto cabe reconocer el esfuerzo de quienes se sobreponen a determinadas limitaciones y contribuyen a mantener el pulso sectorial.

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