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'2020, el año de las “stranger things”'. Un artículo de Carlos del Hoyo

Hace menos de un año empezamos a oír en las noticias internacionales -y por parte de algunos amigos que vivían en China-, hablar de una neumonía misteriosa. Jamás supusimos que esto fuese a suponer un cambio tan significativo en nuestras vidas. Llegaron unas navidades -tan distintas de las que vamos a vivir en 2020- y en apenas ocho semanas nuestro mundo se había transformado radicalmente… Un cambio en las reglas del juego y el cómo aplicarlas por todos aquellos que nos dedicamos a la comunicación: con nuestros amigos, familias, clientes, empleados, consumidores…

La comunicación de crisis es una de las señas de identidad de nuestra profesión: ningún actor del entorno de la empresa y el marketing estaba mejor preparado que los profesionales de las relaciones públicas para enfrentar esta situación revolucionaria. En esta crisis hemos sido los primeros en mantenernos al tanto de lo que pasa en las veinticuatro zonas horarias, con una exigencia radical de capacidad de reacción y una tremenda dificultad para poder ser proactivos, eso que siempre nos exigimos a nosotros mismos y a nuestros clientes. De poco valían experiencias anteriores y lo que creíamos haber aprendido, en una semana dejaba de tener valor: nuevos datos, nuevos disgustos y pocas noticias esperanzadoras.

En este contexto, ¿cómo hemos aportado valor al negocio de nuestros clientes las agencias de comunicación? Hemos ayudado a nuestros clientes a hacer lo correcto.

Primero, manteniéndoles informados: conocemos, reflexionamos con velocidad, aprendemos, nos adaptamos… y seguimos aprendiendo. Aprendíamos -y mucho- de la tremenda generosidad que tantas instituciones y empresas han tenido para compartir datos en tiempo real, que nos daban una visión amplísima de lo que hacíamos unos y otros, identificando oportunidades y también evitando errores garrafales.

 

CARLOS DEL HOYO_1628_ROJA

La investigación constante por parte de las agencias de comunicación nos ha proporcionado un criterio muy valioso a la hora de recomendar cómo comunicar, de transmitir la importancia de poner a las personas, empleados y clientes por delante y de averiguar maneras de ayudar hacia dentro y hacia fuera a unos clientes que veían cómo su planificación de años quedaba obsoleta on a weekly basis Y la generación de confianza se convertía en el valor de comunicación superior a todos los demás.

Segundo, asegurándonos de que en ningún momento se interrumpía el flujo de la comunicación entre la empresa o la institución sus propios empleados y el resto de la sociedad. Una comunicación frecuente y transparente -y en tiempo real-, capaz de utilizar los múltiples canales que se ofrecen al profesional de la comunicación en 2020: la confianza de los medios de comunicación tradicionales y la agilidad y capilaridad de las herramientas digitales más sofisticadas de las que todos nos hemos convertido en hiperusuarios en los últimos diez meses: tik toks, teams, zooms… y lo que nos echasen.

VOLUNTAD

En tercer lugar, y más allá de dolores de espalda, del cansancio visual de tanto mirar a las pantallas, o de irrupciones de niños en medio de los eternos confcalls, el trabajo a distancia ha funcionado mejor de lo esperado. La posibilidad de cooperación entre compañeros y clientes, acompañada de una voluntad de hacer posibles las cosas, de sacar el trabajo (tanto más importante que la propia tecnología) nos ha permitido trabajar con fluidez y eficacia. Hemos colaborado con los medios de comunicación con información relevante. Hemos realizado presentaciones ‘online’ que acercaban conocimiento y personas mejor de lo esperado.

Hemos renovado nuestra eficiencia gracias sobre todo a la potentísima herramienta que es el cerebro humano, capaz de adaptarse con velocidad a estos cambios tan antipáticos identificando nuevas maneras de comunicar e influir en la sociedad.

Estamos cansados, nos hemos pedido mucho a nosotros mismos y a nuestras familias. Hemos extendido las jornadas laborales para asegurarnos que los mensajes y los productos de nuestros clientes siguiesen llegando a una sociedad preocupada pero también receptiva y empática con aquellos que han sabido comprenderles y ayudarles en un escenario vital que jamás hubiesen imaginado. Los profesionales de las relaciones públicas hemos vuelto a demostrar nuestra capacidad de adaptación, de entendimiento de la sociedad que nos rodea y de creatividad para mantener vivos los lazos de confianza que unen a las empresas con los ciudadanos.

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