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'Dos platos de lentejas'. Un artículo de Mario Sánchez del Real

Pues justo me pongo a retocar estas palabras un día después de que el Presidente del Gobierno anuncie otros seis meses de... de... de... bueno, de lo que sea, pero nada bueno.

A pesar de que sea un tema extremadamente complicado el de las decisiones políticas, me da la sensación de que lo está siendo mucho más el de la comunicación. Ambos fallan como escopetas de feria y es que el momento se las trae.

La nueva manera de afrontar la política en general tampoco ayuda. Pero no es columna esta de queja política, así que a lo nuestro. Y en esto que andábamos retocando modelos y salvando muebles de la quema de marzo y verano, mirando con lupa la vuelta al cole y asumiendo que todo iba un poco mejor (o un poco menos mal) y ahora nos dicen que nuevo estado de alarma, o lo que sea. Estamos apañados.

Si algo afecta a la publicidad es la certidumbre, o más bien la ausencia de ella. No es que diga yo si tiene lógica o no, pero agregar un poco más de incógnita a los próximos meses al panorama general y en oficiosa alusión directa a un sector ya derrumbado como los servicios y horeca, no va a traer nada bueno a nuestro sector. Es así.

Si bien los bienes de consumo se dispararán como hace unos meses, y algunos players online bien zafados en sus plataformas digitales harán de ello una oportunidad, la mayor parte de nuestro país, depende de la visita presencial y el método de venta tradicional de “abra usted mismo la puerta” en la calle. Tiendas, cafeterías, bares, restaurantes, terrazas, hoteles, alquileres... todos ellos afectan a terceros y cuartos de manera directa o indirecta, causando un efecto dominó en productos y marcas que hace resentirse a una enorme parte de nuestro pastel publicitario.

Para los que pensaran que el veinte veinte se pasaba y llegaba el veintiuno con panes bajo el brazo, este segundo plato se les va atragantar, y mucho. Los grandes males siempre traen grandes remedios, como dijera Hipócrates en su famosa frase y de forma parecida, y con más notoriedad de campaña, míster William Shakespeare, y es que esto es la extrema e inmediata necesidad de cambiar la forma de entender el terreno de juego de agencias y clientes. Muchos seguirán jugando con botas de tacos en campos que vuelven a ser de tierra, allá ellos.

La mayoría que está en procesos de cambios no lo haremos lo suficientemente rápido, no porque no sepamos de la urgencia, sino porque el modelo, aunque caduco, es el que es, y cambiar el paso al ritmo que marca el puñetero virus este no es tarea fácil.

Algo hemos ganado y aprendido y es a flexibilizar al menos en la parte más física la vieja interpretación de las oficinas, ese gasto enorme que agrega valor visual pero poco más de fondo. Mucho hemos debatido con compañeros con responsabilidades en agencias dónde íbamos en este tema concreto, en lo que como es lógico no hay una única respuesta ni quorum, pero lo que está claro es que no volveremos al concepto de agencia física como la conocíamos, o no en mucho tiempo. Yo personalmente creo más en la ensalada mixta y que lo que sí se ha demostrado es que aunque la cercanía personal y el debate permanente y vida de la agencia son activos muy positivos para el desarrollo de las ideas y los proyectos, no es imprescindible en esencia. Asumamos que los recursos humanos y la agencia no son una única cosa, sino complementarias.

ADAPTABILIDAD

Los clientes ya también lo saben, y esta sí era una de las cuestiones comerciales de fondo que quizás impedían esta flexibilidad. Una adaptabilidad que por otra parte siempre tuvimos con freelances, proveedores y diferentes partners, en proyectos que tuvieron éxito precisamente por el uso de modelos flexibles en los que se acometieron.

MARIO_1628_BLANCA

Personalmente, y por resumir, siempre he pensado que solo hay dos tipos de gente, los que van a trabajar y los que van a la oficina. Pues eso.

Ya nada va a ser igual. Pretender lo contrario está fuera de la realidad. Mejor no hacernos trampas al solitario y afrontemos la nueva realidad, que mucho no nos va a gustar. Una realidad que no queríamos ver, pero estaba, como el virus oculto que repentinamente da la cara, pero siempre anduvo acechándonos. Hay que convertir en virtud la pura y dura necesidad. No salimos más fuertes, no, señor Presidente, pero sí muy distintos. O al menos en proceso de cambio para serlo; no conozco a ningún compañero de la profesión que no ande con planes de cambio y de autocrítica constante y con la ilusión de poder seguir dando servicios de calidad actualizados. Esto antes no pasaba y es bueno que ocurra, aunque sea por imperativo legal y marchas forzadas. Uno no se tira porque sí del avión en su primer salto en paracaídas, a veces nos tienen que empujar. No salimos más fuertes, pero sí más atentos y más activos en agencias y clientes. Algo es algo.

Espero que les vaya bien amigos, colegas y compañeros en esta sentada a la mesa del segundo plato, porque, adivinen queridos, para comer hay: lentejas.

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